27 abr. 2010

Cuadernos de viaje



ÁLVARO VILLEGAS. París
En la gran Torre (I)

29/03/2010

Aún es de noche y poco a poco van llegando todos. Torrelavega todavía duerme y vosotros partís puntuales camino de París. Ves caras de cansancio mezclado con ilusión y enormes ganas de pasarlo bien.
Cuando por fin llegas a Hendaya es con el tiempo justo para acomodarte junto con tus compañeros en el tren que os ha de trasladar. Partís. Quedan muchas horas de camino para llegar a la ciudad del amor. Definitivamente, tras largas horas de viaje y con el culo casi plano, tomáis suelo firme en tierra parisina. Sí, al fin, París. A alguno le faltó poco para llegar a imitar el gesto d
e Su Santidad.
Has tenido suerte de que el hotel estuviera cerca de la estación y observas cómo se procede al reparto de las habitaciones, a la entrega de la obligatoria fianza y te dejas caer en la cama ...
Ahora estáis todos reunidos en la recepción del hotel. Os esperan unos "angelicales" kilómetros recorriendo la ciudad entre sus edificios. Al final del trayecto ves la presencia de la Torre Eiffel, absoluta en su esplendor, imponente, señorial y magestuosa. Fotos, fotos, fotos, lluvia, viento... ¡mierda! Antes de llegar a sus pies te das cuenta de que a cada paso que das más y más se agranda su figura, hasta que estás debajo de ella y comprendes el porqué de tanta gloria.
Acordáis una posterior cita con vuestros profesores en labase de la Torre y os disponéis a iniciar la subida. Os olvidáis del ascensor e iniciáis la remontada a través de las escaleras acompañados de algunos incómodos truenos y del destello de algún rayo mientras observáis que alguna compañera comienza a ponerse nerviosa con tan perturbadores acompañantes.
Ya os encontráis en la primera planta. Más lluvia, más viento, más truenos. Aquí realizáis algunas compras, visitáis el pequeño muse
o y reponéis vuestras fuerzas para afrontar el segundo asalto a la cumbre de la Torre. Os cuesta encontrar las escaleras del ascenso y con muestras visibles de la presencia del cansancio en vuestras piernas alcanzáis la segunda planta del monumento. Desde allí el espectáculo que se os presenta es grandioso, aunque la gran aglomeración de turistas os impide disfrutarlo en toda su extensión.
Deseáis alcanzar la cima de vuestra Torre, ya casi conquistada, pero la vía de acceso aún permanece cerrada, por lo que -al no poder esperar- os resultará imposible conquistar el cielo parisino. Matáis la pena disparando vuestras cámaras fotográficas y comenzáis el descenso que, al igual que toda bajada, suele ser más penoso que la subida que lo motivó.
También mataríais al francés gracioso que tras haber observado cómo os inmortalizab
ais grabando vuestros nombres de españolitos en los paneles informativos os asustó con voz ronca y enfadada gritando: "¡Policía nacional!".
Alcanzáis la base del monumento en donde os esperan vendedores de recuerdos, chicas inglesas y chinas con las que os fotografíáis y los profesores -San Benito y Santa Marisa- con los que os dirigís hacia el establecimiento-bocatería en donde cenaréis y repondréis vuestras fuerzas para el camino de regreso hasta el hotel. También adquirís algunos comestibles para la noche que se aproxima. "¿Cuándo se vio una botella de agua de dos litros al precio de 21 céntimos de euro?" te preguntas al tiempo que piensas que en París todo es posible.
Vuelves a pasar por delante de la Torre Eiffel iluminada a estas horas, y te alegras de haberla contemplado al menos una vez en tu vida, sensación ésta empequeñecida ante la necesidad de desistir en la visita al Barrio Latino y el Trocadero, pero el camino de regreso te espera y es largo de andar.
Poco a poco os aproximáis al hotel situado junto a las Galerías Lafayette y cerca de la colosal torre Montparnasse, a donde llegáis casi extenuados a su quinta planta y en donde esperaréis la llegada del próximo día.

Fotografías: Marisa Valle


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